Visitando 7500 años de historia reflejadas en pinturas rupestres, Mulegé – Baja California Sur

Frente al Mar de Cortés en Baja California Sur se encuentra un pequeño refugio polvoriento para la historia mexicana conocido como Mulegé. Fundada por primera vez en 1705, la Misión de Santa Rosalía celebró la victoria del ejército mexicano sobre los estadounidenses. Darle a los estadounidenses el golpe inesperado en la Guerra de Intervención en 1847 le valió a la ciudad el nombre de “Heroic Mulege”. Las exposiciones museísticas y el arraigo cultural del pueblo acompañan a las misiones españolas rezagadas del pasado. Puedes visitar Bahía Concepción para disfrutar de playas, buceo y pesca. Pero tal vez la característica más notable de la que se jacta Mulege son las antiguas pinturas mexicanas que lo transportan 7,500 años atrás.

La Cueva Pintada de San Borjitas

Un viaje de 20 millas por las montañas y una pequeña tarifa por un guía son todo lo que lo separa de la historia. Lo más interesante de las innumerables cuevas pintadas de Baja California te espera para unirte a la multitud de visitantes cada año. La documentación moderna de la cueva se remonta a la investigación realizada por Léon Diguet en la década de 1890. Trabajaba en Santa Rosalía, donde trabajaba como químico en la empresa minera francesa de cobre Boleo. Curiosamente, el techo de la cueva contiene principalmente figuras humanas, muchas atravesadas por flechas. Los expertos fecharon el arte rupestre hace 7.500 años y lo llaman el más antiguo del continente.

 

Uso de antiguas pinturas rupestres mexicanas para aprender sobre la gente

Históricamente, las pinturas rupestres ilustran la necesidad humana de comunicarse. Esta comunicación toma su forma de dejar una marca para el futuro, para ayudar a guiar o compartir algo tan importante que necesita una representación permanente. Debido a que las flechas atraviesan a muchas de las personas representadas, la pintura indica una gran batalla. Este colosal panel tiene más de 50 pies de largo y entre 15 y 20 pies sobre el suelo de la cueva. Al menos 95 figuras adornan la roca antigua. Alrededor de 70 son hombres, mujeres, niños y lo que los arqueólogos llaman “espantapájaros”. Estos son humanoides sin rostro cubiertos con máscaras de canasta o incluso de origen extraterrestre. Las personas representadas en las paredes eran guerreras, orientadas a la familia y fieles. Entonces, la gente de hace 7.500 años era similar a nosotros hoy, haciendo que el mundo antiguo se sintiera un poco menos fuera de alcance.